Los torrentes de rebaños descienden hacia las majadas la sombra está sobre An-Dot y Pau del país de Esaü sobre Matred Toled Beith Aram sobre todo Sparad de Judea Memoria estrellada noche de Israel en espíritu espacio proyectado por ojos de oveja Allá brilla Artizarra en la frente de nuestra Madre Iberia su Schourien-Ieschuroun se aleja
ocultando su rostro bajo el manto de bruma Selah Una vez balado al cielo salado de blancuras id mis lamedoras de paredes a la sal del muro de las lamentaciones habituales por el camino del hisopo entre los amargos setos pasad ovejas de rey bajo el cayado de hierro Diecinueve blancas cuarenta negras y tú cuarentaicuatro números trazados por mano de pastor en cuadradillos sobre cierto muro de Belén son más numerosos que vosotros allá arriba los cabritos de la Viviente de la hermana novia del nuevo cántico Selah De los cedros de la bendición la mano es siempre tan lenta sobre nuestras cabezas surgidas del fondo de las edades en el lenguaje del mar occidental en vano Naphschi busca sorprender una sola palabra nueva el mismo corazón que en tiempos de los padres
late en el bosque en la piedra y en el agua nada de lo que vuelve es nuevo todas esas cosas dormían en los libros cerrados los libros en mis manos están abiertos pasad mis bellas Judit pasad buenas muchachas bajo el cayado de hierro Kimah Ksil y vosotros Mazarot y vosotros los demás cielos sin nombre sin números suspendidos en todo lo alto entre las densas nieblas de Dios santos ancianos bajad hacia la tierra vuestras miradas de sílex perdidas veladas Aïélethhaschahar la pastora desciende hacia Guinath Agoz con el vaso de leche de luz en el hombro llama al niño Olel guardián del pasturaje de los leones acariciado en su sueño por las víboras Selah He aquí las cosas son como son vaho de las pestañas fuego de lluvia al borde del tejado puñado de estrellas en el saco del sembrador y tus ruedas que entran una en la otra Ichezkeel las terribles espirales
he aquí las cosas como son profundo profundo es Eso ante el que se prosterne nos prosternaremos
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15 abril 2011
30 enero 2011
Un nuevo día
Entonces llegó. Fue la palabra que alguien al azar pronunció. Había resonado fuerte dentro del ruido de su pensamiento unas milésimas de segundo antes de que un desconocido respondiera al eco confirmándola en voz alta sobre el murmullo agitado del bar, con un amplio gesto de asentimiento, ante un grupo animado. Algo le hizo volver al hombre un instante la mirada hacia atrás, pero no supo que era ella; sólo corrió el velo de sus ojos sobre la mujer sin verla. Sin embargo esbozó un gesto turbado que no supo de qué parte de sí mismo provenía.
28 enero 2011
Azul ardiente
Pero éstas son cosas
cuyo nombre no es sonido ni silencio.
O. V. de L. Milosz, La confesión de Lemuel.

21 enero 2011
Intriga N.º 2
Las apariencias no engañan, me confirman frente a ti. Soy el bibelot de lujo que simboliza tu desmayo. Los tacones de aguja transforman mis pies en un fetiche dorado, absorbiéndolos hasta la perfecta simbiosis. A través de ellos planeo tu derrota, mientras tú sueñas con la mía. ¿No es este juego la vida?
Todo secreto está fuera; la profundidad despliega su artificio, como el de este puro movimiento que imprimo al andar, lento y sinuoso, entre hombres al acecho. Me contemplas. Soy la fatalidad desnuda sobre siete velos de seda. Champagne, deslizante textura, el rouge de mis labios confiere a mi desnudez un céfiro insinuante y procaz. Tu mirada ahora, agua turbia y cenagosa para beberla desesperada. No confesaré, no obstante, no quiero ponértelo fácil. Sabes que estoy aquí para destruirte.
“No te enamores” -dijiste- recortado el perfil, lejano y duro el gesto, bajo una pálida luz, fría como un carámbano de luna. Y yo te odié en silencio con la misma falta de emoción. Un beso de hiel selló el pacto. Hélices negras sobrevolaron nuestro escenario mientras violentabas mi cuerpo con la saña de una pasión cínica y desmedida. “Eres extraordinariamente hermosa”, fue el rumor ronco y trémulo que mascullaste mientras me vestía, como el eco de un pensamiento furtivo, conmovido e involuntario. “Estaré ausente unos días, no sé cuántos. Quizá te llame cuando vuelva”, mi pequeña venganza.
19 enero 2011
Intriga N.º 1
Suave, cotidiano, dime a qué juegas esta vez. Juego a perseguir al miedo, yo rastreo. Perfecto, socio. Trampas las mínimas pero crema, dale cuerda; ponlo en abismo. Así, aquí, ahora, como el pulso en extinción de un animal muy viejo. Gracias, no perderé este fragmento de vida ni lo que hay debajo. No, no lo pierdas igual que al resto. Acóplate, así tan apretada, a la niebla estéreo. No te rompas. Yo-Tú marcado por el fuego. Nos odiarán más que a Claudel (¡que es mucho decir!). A mí no, ya no sé dónde.
A raíz de la última conmoción me hablabas de una viva fluorescencia que lo vuelve todo hacia dentro; también a ti y a mí aunque nos resistamos. Yo-Tú, entre las cosas hicimos hogar. Algo ocultaba el tictac. ¿Qué trajo en su pico aquel pajarillo pardo? La ruina, se estampó contra la ventana. Ésa que siempre mantenemos cerrada. Le faltaban cuatro luces al pasillo, bien lo sabes, y hasta un hervor. Hundidos ahora en el individuo, ahora en la sociedad; nada más que abstracciones, ilusiones ópticas. Vuelven sobre nosotros aquellas historias del ombligo de un pensamiento y la angustia del lugar sin nombre.
El objeto se desvanece, ni rastro de él, sólo queda el lugar sin presencia («hay»). ¿Y si paseamos por el parque de los gatos? Mejor mañana. Yo-Tú, dime si es verdad que perdimos la cabeza; si somos tan indecentes como lo son nuestros pies. Porque ellos al menos escuchan algo, nos caminan y responden afectados por el pasmo: adelante, que se haga en misterio la ignición del primer baile. Son los pies del faquir, también; son ellos sobre cristales. Para acabar, dime si brillas desde el centro así tan redondo.
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